El legado de Abebe Bikila. Recientemente se cumplieron 65 años del triunfo del atleta etíope en el maratón de las Olimpíadas de Roma de 1960. Fue la primera medalla de oro para un atleta africano. Un hecho anecdótico es que participó en esa carrera corriendo descalzo. Hay una especie de leyenda, en la cual se señala que corrió la maratón de esa forma en reivindicación hacia su país, que había sido objeto de la invasión italiana. Posteriormente repitió su triunfo en las Olimpíadas de Tokio de 1964.
Estas líneas son para honrar no solo al atleta, sino principalmente al ser
humano. En 1969 sufrió un grave accidente por el que quedó parapléjico. Lejos
de entrar en un estado de depresión, Abebe Bikila se dedicó a desempeñarse como
atleta paralímpico donde destacó igualmente. ¿Su secreto? El agradecimiento a
Dios. Consideraba que tanto sus triunfos olímpicos como el accidente fueron
voluntad de Dios, por lo cual debía aceptar con felicidad tales designios.
La espiritualidad de Abebe Bikila le permitió afrontar las secuelas del
accidente con la mayor dignidad. La mejor forma de enseñar resiliencia es a
través del modelaje. Por eso es importante difundir estas vidas inspiradoras.
La aceptación no es resignación. Es asimilar una determinada realidad y a partir de allí, generar un proceso de transformación y crecimiento que inicia en el individuo y luego se derrama en el entorno.

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