“La paradoja de los volcanes es que son símbolos de destrucción, pero también de vida. Cuando la lava se ralentiza y se enfría, termina solidificándose y, con el tiempo, se resquebraja y acaba por convertirse en suelo nutricio y fértil.” (Matt Haig- La Biblioteca de la medianoche)
Esta excelente reflexión es aplicable en todos los
órdenes de la vida. Tenemos la tendencia a interpretar de manera rígida, con un
ángulo muy cerrado los diversos acontecimientos tanto en nuestra vida personal
como de la sociedad y de la humanidad en general. Lo cierto es que nuestra
mente debería estar despierta para poder captar las señales y aprendizajes que
se desprenden de cada situación.
Lo que podría calificarse como negativo en un momento
dado, puede ser positivo por diversas circunstancias. Quizás porque nos haga
más fuertes, sabios, empáticos y en definitiva, porque contribuya a conectarnos
con nuestro Ser. Dice el refrán “no hay mal que por bien no venga”.
Todo lo que sucede, en definitiva puede traducirse en nuestro
crecimiento. La actitud con la que asumamos cada situación, marcará la
diferencia.
El estoicismo nos enseña que no podemos controlar los
acontecimientos externos, pero sí nuestra interpretación y respuesta ante
ellos. En la actualidad esta corriente puede asociarse con el mindfulness
y la resiliencia.
En la línea del existencialismo, se
parte de la premisa que cada persona define el sentido de su vida a través de
sus múltiples elecciones, que pueden apartarla o no de lo que sería “su
leyenda”, recordando la obra del Alquimista de Paulo Coelho. Es el dilema
siempre presente de cómo asumimos el ejercicio de nuestra libertad. ¿La
ejercemos a partir del amor y de la responsabilidad? ¿Somos congruentes con lo
que pensamos, decimos y hacemos?

Una manera actualiza de reinterpretar el refrán de no hay mal que por bien no venga. 👍
ResponderEliminar