Enseñanzas de la obra El viejo y el mar de Ernest Hemingway
La obra El viejo y el Mar de Ernest Hemingway, bien pudo llamarse El viejo, Manolín y el mar, si nos atenemos a los grandes protagonistas de la obra. Ciertamente, todo ser humano atraviesa crisis, que pueden llevarlo a dudar de sus capacidades y competencias. Pero no todos tienen un Manolín a su lado, que los impulse a seguir adelante con confianza, por creer en esa persona. La palabra generosa y oportuna es fundamental. La resiliencia en gran medida tiene que ver con esos refuerzos emocionales que alimentan el espíritu y permiten renovar las energías. Por otra parte, Manolín estuvo siempre presente con Santiago en su gesta con el pez espada. Porque, ¿cómo puede entenderse la continua evocación a Manolín por parte del viejo? Cuando decía “si Manolín estuviera aquí” no hacía más que reconocer su presencia. Al final de la obra, cuando llega con el esqueleto del enorme pez espada, devorado por los tiburones, inmediatamente Manolín acudió a su lado, renovando su confianza en el viejo y reiterando su reconocimiento y respeto por sus enseñanzas. ¡Honor a todos los Manolín del mundo que nos hacen tener una vida mejor!
Otro compañero de viaje del viejo fue el gran Joe Dimaggio, quien fuera extraordinario jugador de los Yankees de New York. Sus hazañas eran una inspiración para el viejo, principalmente por una limitación física que tenía Dimaggio, pero que no le impidió ser una estrella del béisbol. A veces surgen temas físicos, propios de cada persona; otras veces es el entorno, como podrían ser los tiburones que llevaron al viejo a enfrentarlos con todo su vigor y experiencia.
Su relación con el pez espada es hermosa. Admira al animal por su coraje y resistencia, sin darse cuenta que este gran pez era un reflejo de sí mismo, cual si fuera un espejo.
¿Fracasó el
viejo al retornar solo con el esqueleto del pez espada? De ninguna manera. El
camino es tan importante como el destino final. El se demostró a sí mismo su
capacidad de lucha y la posibilidad de enfrentar grandes retos. Primero, al
pescar al pez espada; y luego al enfrentar a los feroces tiburones con los
escasos recursos que tenía. No se doblegó. Permaneció firme. ¿Qué mayor motivo
de orgullo para el viejo, de haber dado lo mejor de sí, renovándose y creciendo
como ser humano en esa extraordinaria gesta de la pesca del pez espada y su
confrontación con los tiburones?

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